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La fiebre del oro Lyrics

La historia ha sido un arma de los poderosos para perpetuar el status quo.
Sus amarillentas y amarillistas páginas cuentan, muchas veces, sólo lo que interesa a las plumas de los tiranos y sus lacayos y viene a ser el brazo c**tural de esta sociedad autoritaria, envenenando a nuestros pueblos con el virus de la desmemoria y mostrando como un destino infalible la opresión del hombre por el hombre, el gris progreso de la civilización fundamentado en una lectura fatalista de las teorías darwinianas de la evolución basada en la lucha por la supervivencia del más apto.
Para quienes soñamos con una sociedad libre e igualitaria, es necesario entender a la historia, no como un destino manifiesto, no como una cadena interminante de amos y esclavos, sino como un proceso en que la producción, la civilización y la tecnología van de la mano en la sistematización de los métodos de control que hacen de la vida un lento morir.
A través de los medios masivos de comunicación se manufactura el consenso de la sociedad para garantizar el continuo progreso hacia la auto-destrucción de la maquinaria capitalista. Este panfleto es en sí mismo un fin y un medio, una búsqueda interminada de coherencias en un mundo de incoherencias, un intento, una aventura de escribir la historia de los perdedores, que nos negamos a empuñar las plumas de los poderosos y apostamos a iniciativas autogestivas para transmitir sueños y rabia, al mismo tiempo que construimos trincheras lúdicas contra el sistema.
Busca enterrar las mentiras con las que nos amordazaron en la escuela, donde nos prepararon para una vida de espectadores, donde nos enseñaron que solo los partidos hacen política, que sólo los artistas expresan, que sólo los vencedores escriben la historia, que sólo la televisión habla, que sólo el trabajo dignifica, que sólo un falso dios decidirá el día en que la miseria acabará.
Es un "no" que busca aprender del pasado y enarbolar esos fracasos como puños cerrados contra las injusticias de una sociedad autoritaria, buscarnos en una historia en la que hemos perdido para que ahora seamos los perdidos quienes escribamos la historia.
Ouro Preto y Minas Gerais son solo una pequeña muestra del nefasto destino que se repitió en toda Latino América.
Una crónica del despojo es la historia de esta tierra. Las cadenas que nos subyugan, ¿Dónde terminan? ¿Dónde empiezan?
Las riquezas de nuestra tierra se han vuelto nuestra condena desde que el hombre blanco clavó sus garras en ella.
El despilfarro le pisaba los pies a la recién llegada riqueza, en templos y lujo se gastaba lo poco que dejaba la Corona Portuguesa. Sus ruinas confiesan hoy, silentes, la lógica del sistema que fundamenta el progreso de su Imperio en el genocidio de la periferia.
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